La adicción a la pornografía es la adicción más rica, más sencilla y más natural que existe.
No tiene mal sabor al principio - en seguida es rica. No perjudica tu salud, ni es antinatural. Tampoco causa nauseas, ni borrachera. Para conseguir la pornografía no necesitas hacer nada. La encuentras en todas partes: en la calle, en el buzón, en la tele y en el Internet; además es totalmente gratis.

¡Sin esfuerzo!
No hace falta que hagas nada difícil para caer en la adicción, como en el caso de otras adicciones. Todo anda por sí mismo. ¡Sólo tienes que mirar, nada más!
Pero como aquello que estás mirando no es la realidad, sólo una representación, y como no hay manera de tocar nada, optas por tocarte a ti mismo. Como esto tampoco satisface, tus anhelos se excitan más y más, y claman por algo que sea “auténtico”.
Igual como pasa con las drogas blandas y duras, casi sin darte cuenta, te pasas del erotismo a la pornografía – primero la blanda y de ahí a todo tipo de porno dura, incluso la violenta.

¡Más peligrosa que la droga!
La adicción al erotismo y a la pornografía está ligada a la fuerza más grande que llevas en el cuerpo: tu sexualidad. Por esto se trata de la adicción más peligrosa que existe. Un fumador necesita tabaco, un bebedor alcohol, un drogadicto droga y un jugador dinero. Pero un porno-adicto necesita personas, primero en fotos o en videos, luego en carne viva – chicos, chicas, o hasta niños. No para hacerles felices, sino para abusar de ellos.
Los terribles crímenes de violencia sexual de los últimos años sólo son un tímido comienzo - comparado con lo que se avecina. Lo peor se está fraguando ahora – en los dormitorios de los niños que ya tienen su propia tele y su propio acceso al Internet. Tranquilamente ven todo lo que quieren de programas eróticos y pornográficos. Y con el móvil que llevan en el bolsillo es más fácil todavía - con un clic ya están en un sitio porno.

Sin advertencia de peligro
Para advertir de los peligros del tabaco, del alcohol, del juego y de las drogas, se organizan funciones y campañas. Están prohibidas las promociones de tales sustancias. Sus ventas, si no son prohibidas, son restringidas. Para las escuelas y los colegios hay material que advierte contra los serios riesgos.
Pero, cuando se trata de la adicción a la porno, no se hace nada para poner en guardia, ni para proteger, a los niños, jóvenes y adultos - ¡absolutamente nada!
Las emisoras, sin mayores problemas, pueden emitir casi cualquier tipo de programa erótico y pornográfico. Las librerías, los supermercados y las gasolineras colaboran religiosamente para distribuir ampliamente los materiales esclavizantes, sean libros, revistas, DVD o videos. Las páginas comerciales de periódicos, diarios y publicaciones de distribución masiva están repletas de la porquería de los teléfonos porno.
Las empresas de venta-por-correo, en sus campañas intensivas, cubren todo un país, casa por casa, con sus promociones, y éstas pueden incluir ofertas de porno. Quien pica en el anzuelo de la oferta, pronto tendrá en su buzón el material porno pedido, que viene en sobre blanco - discretamente sin remitente, ni contenido especificado.

Ochenta por ciento
Un conocido presentador de televisión, en una conferencia para hombres, quería saber con qué problemas luchaban esos hombres en sus vidas privadas. Quedó pasmado cuando comprobó que nada menos que el ochenta por ciento estaba enredado por la porno.
Para chicos de 12 y 13 años ese porcentaje podría ser todavía más elevado - lo encuentran por todas partes y sin haber podido desarrollar ninguna defensa.

¡Cuidado!
Por todo eso, no permitas que la curiosidad te enrede. Una vez en la red, te darás cuenta pronto que no hay salida. Lejos de escapar, te verás cada vez peor atrapado. La pornografía trabaja como el cáncer – empieza como una cosa inocente, pero, luego, va dominando todo lo que hay dentro de ti. ¡Casi ya no podrás pensar en otra cosa! Lo peor es que no hay quien te traiga alivio o te pueda sacar. Porque nadie puede cambiar tus pensamientos o borrar tus recuerdos.

La única posibilidad
Existe una sola posibilidad para ser librado. Para esto tendrás que acudir a Jesucristo. Has oído hablar de Él, y, efectivamente, es el único que puede librarte y darte la fuerza para decir “No”.
Él está junto a ti - te ve y te oye. Dirígete a Él y pídele con toda sinceridad que entre en tu vida, y que te libre de tu esclavitud. ¡Verás como lo hace! Puedes hablarle en voz alta, o sin voz – eso no importa. ¿Por qué no lo pruebas? Si lo haces de forma honesta, te darás cuenta que ¡Él es real!

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